
Tomó el cuchillo con su mano derecha, el espejo con la izquierda. Miró su reflejo, los ojos estaban hinchados de tanto llorar, y sin vida por las atrocidades que le tocó ver a través de su vida. Recordó la frase de la película Tiburón que decía algo así como: “Esa cosa tiene ojos como de una muñeca, son negros y sin vida”. Ya no era capaz de recordar como eran sus ojos verdes, los mismos de su madre. Se le pasó por la cabeza lo complicado que podría ser con el cuchillo, así que se dirigió a la cocina, tomó una cuchara y se dirigió a la puerta, dejó una llave bajo el felpudo y volvió a su habitación. Justo antes de que la cuchara hiciera contacto con su ojo, miró al edificio de enfrente. Algo le dijo que no debió hacer eso. En el momento en que divisó una mujer en la cocina, a punto de prender el horno, cuando este explotó, enviándola directo a la pared, quemándose viva. Dejó caer otra lágrima, le dijo adiós a su cara y la luz se apagó.
Desde pequeño no fue un niño normal, no abrió los ojos hasta muy tarde. De hecho, extremadamente tarde. Para ser exactos, no abrió sus ojos hasta los diez años de edad. Impresionado por poder ver el mundo por primera vez, comenzó a gritar de alegría. El primero en acudir a los gritos fue el hermano quien estaba en el segundo piso, justo en el momento en que divisó a su hermano, tropezó, cayendo abruptamente de la escalera y aterrizando en su cuello. La muerte fue instantánea. Con esa imagen como su primera experiencia del mundo, volvió a cerrar los ojos y se dirigió al baño donde se encerró con llave. Se miró en el espejo de cerca, llorando, y lo que vio o creyó ver, lo desconcertó. Dentro de su ojo, desde el rincón más oscuro de su Pupila, una pequeña figura que sonrió y se agachó escondiéndose bajo el Iris.
No volvió a abrir sus ojos hasta dos años después. Una tarde, caminando junto con su madre por las calles de la ciudad, de esas que están rodeadas de edificios.. Ella lo dejó junto a un poste mientras le hacía una pregunta a un vendedor ambulante. Se dio unas cuantas vueltas al poste, y luego abrió los ojos. Vio un café, donde había mucha gente conversando y tomando café, o leyendo el diario, cuando se produjo una enorme explosión. Muchas de las personas fueron consumidas por el fuego, otras, quizás menos afortunadas, salieron disparadas por las calles chocando contra vehículos en movimiento, o cayendo frente a ellos y luego siendo atropellados. Escuchó que alguien gritaba su nombre. Giró sobre sí mismo rápidamente para ver a su madre, quien corría hacia él. Pero cuando iba a medio camino, una persona caída del cielo le cayó encima matándola frente a toda esa gente. Sucede que justo en ese momento, en ese edificio, en el piso treinta y siete, un empresario fue despedido justo un día después de que su señora lo abandonara por serle infiel. Tomó la salida fácil y se tiró por la ventana, cayendo sobre una señora y dándole la muerte, mientras que él sólo quebró su columna.
Siempre que abría los ojos, veía alguna tragedia, no importaba el lugar ni la hora, cuando miraba, mataba. Y cuando se miraba al espejo, veía una pequeña silueta esconderse bajo su iris. Durante veinte años no volvió a abrir los ojos. Tuvo que aprender a vivir sin sus ojos. No fue fácil, pero no quería ser responsable de otro asesinato. Todas las noches las imágenes se repetían en su cabeza, cada una de las muertes presenciadas y provocadas por él. Todas las noches lloraba por su maldición. Más de una vez trató de usar su maldición en su favor. Una noche iba caminando por una calle, cuando un hombre lo tironeó a un callejón y lo asaltó. Quiso abrir los ojos y terminar con su vida, para que dejara de molestar, pero su conciencia no podría aguantar seguir matando. Se había convertido en el asesino en serie más grande del mundo y nadie lo buscaba ni nadie lo conocía.
Esa noche, esa fatal noche, su padre fue a visitarlo a su departamento. Se tomaron unas copas juntos y se emborracharon. Bailaron, cantaron, siguieron tomando. Era una noche de lo más entretenida. Pero en un momento determinado, el padre mencionó que los doctores le encontraron una enfermedad desconocida hasta el momento. Algo que no se había visto nunca, pero que seguro le causaría la muerte. El padre, como último deseo, le pidió ver sus ojos verdes una última vez. Sin pensarlo dos veces, se quitó la venda protectora que le gustaba usar para no tentarse y miró a su padre. No había alcanzado a enfocarlo cuando ve que éste se atraganta con una aceituna. Lo agarró por la espalda y trató de sacarle la aceituna a la fuerza, pero la intensidad de los movimientos y la fuerza aplicada sólo logró quebrarle una costilla y perforar uno de sus pulmones, dándole la muerte unos segundos después.
Cuando la ambulancia llego al departamento, los paramédicos demoraron unos segundos en encontrar la llave y poder entrar. Pero cuando entraron, sólo encontraron un par de ojos en el lavamanos del baño, y dibujado en la pared con sangre, una silueta.
Desde pequeño no fue un niño normal, no abrió los ojos hasta muy tarde. De hecho, extremadamente tarde. Para ser exactos, no abrió sus ojos hasta los diez años de edad. Impresionado por poder ver el mundo por primera vez, comenzó a gritar de alegría. El primero en acudir a los gritos fue el hermano quien estaba en el segundo piso, justo en el momento en que divisó a su hermano, tropezó, cayendo abruptamente de la escalera y aterrizando en su cuello. La muerte fue instantánea. Con esa imagen como su primera experiencia del mundo, volvió a cerrar los ojos y se dirigió al baño donde se encerró con llave. Se miró en el espejo de cerca, llorando, y lo que vio o creyó ver, lo desconcertó. Dentro de su ojo, desde el rincón más oscuro de su Pupila, una pequeña figura que sonrió y se agachó escondiéndose bajo el Iris.
No volvió a abrir sus ojos hasta dos años después. Una tarde, caminando junto con su madre por las calles de la ciudad, de esas que están rodeadas de edificios.. Ella lo dejó junto a un poste mientras le hacía una pregunta a un vendedor ambulante. Se dio unas cuantas vueltas al poste, y luego abrió los ojos. Vio un café, donde había mucha gente conversando y tomando café, o leyendo el diario, cuando se produjo una enorme explosión. Muchas de las personas fueron consumidas por el fuego, otras, quizás menos afortunadas, salieron disparadas por las calles chocando contra vehículos en movimiento, o cayendo frente a ellos y luego siendo atropellados. Escuchó que alguien gritaba su nombre. Giró sobre sí mismo rápidamente para ver a su madre, quien corría hacia él. Pero cuando iba a medio camino, una persona caída del cielo le cayó encima matándola frente a toda esa gente. Sucede que justo en ese momento, en ese edificio, en el piso treinta y siete, un empresario fue despedido justo un día después de que su señora lo abandonara por serle infiel. Tomó la salida fácil y se tiró por la ventana, cayendo sobre una señora y dándole la muerte, mientras que él sólo quebró su columna.
Siempre que abría los ojos, veía alguna tragedia, no importaba el lugar ni la hora, cuando miraba, mataba. Y cuando se miraba al espejo, veía una pequeña silueta esconderse bajo su iris. Durante veinte años no volvió a abrir los ojos. Tuvo que aprender a vivir sin sus ojos. No fue fácil, pero no quería ser responsable de otro asesinato. Todas las noches las imágenes se repetían en su cabeza, cada una de las muertes presenciadas y provocadas por él. Todas las noches lloraba por su maldición. Más de una vez trató de usar su maldición en su favor. Una noche iba caminando por una calle, cuando un hombre lo tironeó a un callejón y lo asaltó. Quiso abrir los ojos y terminar con su vida, para que dejara de molestar, pero su conciencia no podría aguantar seguir matando. Se había convertido en el asesino en serie más grande del mundo y nadie lo buscaba ni nadie lo conocía.
Esa noche, esa fatal noche, su padre fue a visitarlo a su departamento. Se tomaron unas copas juntos y se emborracharon. Bailaron, cantaron, siguieron tomando. Era una noche de lo más entretenida. Pero en un momento determinado, el padre mencionó que los doctores le encontraron una enfermedad desconocida hasta el momento. Algo que no se había visto nunca, pero que seguro le causaría la muerte. El padre, como último deseo, le pidió ver sus ojos verdes una última vez. Sin pensarlo dos veces, se quitó la venda protectora que le gustaba usar para no tentarse y miró a su padre. No había alcanzado a enfocarlo cuando ve que éste se atraganta con una aceituna. Lo agarró por la espalda y trató de sacarle la aceituna a la fuerza, pero la intensidad de los movimientos y la fuerza aplicada sólo logró quebrarle una costilla y perforar uno de sus pulmones, dándole la muerte unos segundos después.
Cuando la ambulancia llego al departamento, los paramédicos demoraron unos segundos en encontrar la llave y poder entrar. Pero cuando entraron, sólo encontraron un par de ojos en el lavamanos del baño, y dibujado en la pared con sangre, una silueta.
1 comentario:
ya te dije lo que opinaba. Encuentro bkn que muestres lo que te gusta hacer y que le dediques tiempo, aunque por ahora no pueda ser mucho como me decias.
Felicitaciones y sigue asi;)
me gustaron mucho!
cuiidate chao=)
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